No te amo por quien dices ser y, a veces, eres;
te amo por quien eres, siempre, cuando nadie nos ve;
tampoco te amo por el bien que me haces,
sino por el mal que, a diario, evitas hacerme.
No puedo amarte como te he amado antes,
porque ya no soy la misma;
pero te amo como puedo amarte hoy:
con la promesa de que mañana será otro día
y tú, tampoco, serás el mismo.
