He rayado una pared con palabras, consciente de que perdurarán más allá de múltiples capas de pintura. Pronto ojos sobrios y ojos ebrios les observarán preguntándose ¿habrán valido la pena? Se irá el verano, llegará la primavera y mis palabras continuarán ahí, presas, en el cemento de una pared de baño. La humedad les sofocará y ácidos detergentes de limpieza le salpicarán hasta convertirles en eso que queda. Si mañana en la mañana ya no late mi corazón, o si en la tarde exhalo mi último suspiro dejando una alfombra mal doblada por pulmón, mis palabras aún dormitarán rayadas en la pared, despiertas a los ojos de todos, o dormidas bajo frías capas de pintura… Pero quedarán, ahí donde les he dejado, probando que la existencia es de todo, menos pasajera.
