Anoche, mientras pintaba, una gota de acrílico rodó sobre el pincel hasta mi mano y de allí saltó, suicida, en mi pie descalzo, despertándome súbitamente del trance.
No recordaba la última pincelada coherente, el último pensamiento mundano ni el motivo por el que mis mejillas estaban empapadas de lágrimas.
Hay días y hay días, – pensé sacudiendo la toalla para limpiarme el pie -, algunos pasan livianos como un remolino de hojas secas y otros violentos, como torbellino de agua salada.
Y fue así, así porque sí, que llegó a mí la línea tan esperada: el hilo para adentrarme – una vez más – en el confuso laberinto de palabras que no llevan a ninguna parte…
Me pregunto si Teseo recordará no soltarme.


Conmovedor poema.
Me gustaLe gusta a 1 persona
Seguro que sí
Me gustaLe gusta a 1 persona