Acaso
Última Gracia, Ángel González
ese golpe final
—yo ya caído—
no fue otro acto de crueldad,
sino una prueba
de la piedad que decían no tenerme.
Aquella noche no llovió ni me seguiste disculpándote, diciendo mientras te miraba: «perdóname, no sé expresarme»; tampoco tomaste de mi mano cuando intenté alejarme, ni me atrapaste en un abrazo pidiendo que me quedara. No te escuché murmurar una explicación poco razonable, ni cedí a tus palabras con un chiste absurdo. Ninguna lágrima rozó nuestras mejillas, ni nadie nos vio alejarnos de la multitud juntos; tampoco escogiste tú la música de camino a casa, ni te invité a pasar, ni te presenté mis gatas. No nos reímos hasta tarde despertando al Sol ni dormitamos lúcidos al calor de un abrazo amigo. Aquella mañana tampoco llovió o preguntaste qué taza de café usarías, ni compartimos la misma cuchara, ni yo – callada más tarde en la cocina, agradecí no haberte abandonado a oscuras, en un callejón sin salida.

Precioso post. Feliz tarde! 🙂
Me gustaLe gusta a 1 persona
¡Gracias! ¡Igual para ti! ❤
Me gustaLe gusta a 1 persona