Medios Mixtos


Me explico:

Cada cierto tiempo publico fragmentos de escritos que murieron antes de nacer o nacieron deformes. Es mi forma de vaciar los borradores y mantenerme lo suficientemente cuerda para no pedir a un amigo, en mi lecho de muerte, que queme mis letras, como lo han hecho otros tantos escritores. Solo hay una persona en mi vida a quien le confiaría eso.

Verán, son fragmentos. Historias incompletas. Pensamientos que atrapé al vuelo y enjaulé solo para verles retorcerse de hambre y de sed. Son lo que pudo haber sido y fue. Les conecta la sensación tras la sensación, texturas que se componen de pequeñas partes. ¿Recuerdas acariciar con tus manos el musgo? ¿Hundir los dedos en un frasco de azúcar? ¿Apuñar piedras, sentir el romper de las gotas bajo la lluvia, o la suavidad distintiva de los pétalos en un ramo de flores?

Me gusta pensar que también nos componemos de esas pequeñas partes, que otros al palparnos el alma, las sienten y sienten los fragmentos de nuestro ser comprometiéndonos a la difícil tarea de existir. No hay aspiraciones en estos escritos. No hay propósito. Son la raíz y su aspereza, la corteza y su fuerza, la piedra y su ruido, la gota diluyéndose, el pétalo muriendo, soy yo y soy siendo.



Un secreto

A veces, pronuncio tu nombre sin que medie oído y caigo al vacío de tu ausencia, como el árbol en el bosque: sola, sin testigos.

El silencio confirma que existes, aún si no estás, y plantea la fascinante posibilidad de que también exista yo, donde no estoy… Donde me piensas.

Puedo verte, cruzando como un celaje ante mis ojos. Puedo escucharte el corazón, latiendo preso en tu pecho, desbordando pasiones rencorosas.

Somos un hito a la mortalidad, un desafío a la permanencia: un recuerdo victorioso, de raíces hondas y tronco gordo, olvidado bajo el musgo y la mugre, en la oscura templanza de la nada.




Alguien

Nadie te advierte que la sensación tras la ocasión es aún más importante, que al caer la noche todo aparenta ser más grave, que la vida de lejos tiene un encanto desfavorable para los corazones desahuciados.

Pocos te recuerdan que al morir no llevas nada, que los te quiero o los hasta nunca son igual de reemplazables; que la hipoteca, el préstamo o el ahorro no aumenta tu valor por más que los multipliques.

Todos te sepultan bajo las piedras de sus impresiones. Te encierran en sus recuerdos. Te visitan cuando quieren. Te abandonan a tu suerte, como un animal enjaulado al que solo encuentran en fotos o vídeos cada dos semanas y media.

Nadie te advierte que pocos te recuerdan y todos te sepultan.



Sólo sé amar, como aman los locos.

No tengo ese recato de mujer-telenovela: el caminar comedido de quien se acerca lentamente con miedo, casi pisando cascarones de huevo por no enfurecer al otro. Mi risa no es delicada ni mis mirada pausada. Soy un huracán: transito con violencia, sin miedo.

No sé amar de otra manera, fue lo que quise decir cuando volteé a mirarlo y le pregunté: ¿Hay algo mal en mí? Es su sonrisa. ¿O sus ojos? ¿O la forma en que me anticipa? ¿En que me predice el mal clima? Es mi sol. Disipa el cielo cuando escampo, me bendice con su luz. Es mi paz.



Siendo

Mi voz se rompe con suspiros al pronunciar tu nombre: las lágrimas me nacen en la garganta. Soy, por costumbre, juez y parte; no conozco de morales ni paños tibios. Verás…

Si no estás, te inventaré sin consentimiento, idolatrando tus gestos y tus manías. Esconderé el miedo bajo la sombra de un farol, hasta regir junto a tu imagen un imperio de mentiras.

Si estás, dormitaré sobre tu pecho hasta que la noche se quiebre y muera de celos horas después. Besaré cada milímetro de tu piel y te cuidaré, con la paciencia de la costumbre, a puerta cerrada.

Si estás y te vas, mi voz se ahogará y no pronunciará otro nombre. Si no estás y luego sí, te recibiré en mi vida como a la primavera: con la alegría y la vitalidad de un volver a renacer.



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