Las promesas son balas disparadas al aire sobre nuestras cabezas: lo mismo se pierden en la inmensidad del firmamento, que te las devuelve en pico la gravedad haciéndole un favor al mundo. Yo prometí volver, y aquí estoy. Mis últimos intentos de palabra fueron suspiros, compuestos de un aire oscuro que nunca llenaba completamente mis pulmones. Hoy, un golpe de suerte se ha colado por mi ventana como el meteorito de Hann Hodges, haciéndome despertar de un letargo profundo.
Sigo suspirando. Sigo sin entender el miedo, la parálisis, la angustia. Pero, sigo.
Sigo desbordándome en otros, como si en mí sobrara.
