Ask the dust

«I shut my eyes and all the world drops dead;
I lift my lids and all is born again.»

Mad Girl’s Love Song, Sylvia Plath


I

Tu alma es suave como un tronco de madera

pulido por las olas, abandonado a orillas del mar.

Tu alma cruge solitaria cuando nadie la ve:

se rompe y repara, sola;

se contrae y estira, infinita;

como un golpe que acaricia,

o un beso que apuñala.

Inaprensible – como el polvo – , tu alma se me escabulle:

es un rumor más entre el murmullo de las olas,

ahogado en los suspiros de centenarias almas muertas.

Tu alma no es como las otras, no.

Tu alma es libre y amorfa, escurridiza e incomprensible;

es la sigilosa corriente marina que da ritmo

al violento latir de los huracanes que me destruyen.

«El viento de la tarde me recordó el mar,

después vino la lluvia y con ella los sueños.»

Conviérteme en mujer, Marisa Trejo


II

Mi alma sabe de exilios y encuentros.

Es una corriente infinita que no se detiene,

pulida entre las Columnas de Hércules,

la estatua de la Libertad, los rascacielos.

Acaricia con dulzura las mejillas de los niños,

juega a las escondidas con los cometas en los parques,

y ruge con furia, destruyéndolo todo, si así le provocan;

se enrosca y desliza, volátil;

se pierde y encuentra, pura;

como un vendaval que abraza,

o un suspiro que derrumba.

Inasible – como un eco -, mi alma se te pierde:

es un murmullo más entre las hojas que acarician tu ventana,

parte del canto ancestral de los árboles disepersos en el monte.

Mi alma a veces es como otras almas, sí.

Mi alma es salvaje y mística, impredecible y romántica;

es la fría brisa matutina que te intuye y palpa:

tu ropa, tu pelo, tu piel;

que humedece con gotas de rocío

el desierto inhóspito que nos amenaza.

«El tiempo nos esculpe y nos destruye,

la eternidad aguarda y nos rescata.»

La gravedad y la manzana, Beatriz Villacañas


III

Nuestras almas danzaron al medio día un vals desafinado.

Colapsaron violentas entrelazadas por la tierna armonía

entre lo absurdo y lo cotidiano, lo aburrido y lo gentil.

Tú, tan de salitre y corrientes marinas,

yo, tan de aromas terrenales y vientos de antaño…

Y de nuestro encuentro, nació una nueva primavera:

danzaron algas muertas y florecieron rascacielos,

y el mundo – por fin -, sí fue un pañuelo,

bordado por las manos bruscas de un herrero desvelado.

Pero – la vida no es un sueño, no…

Y mi insaciable sed de mar me condenó solo a admirarte,

y tu hambre de libertad me condenó a un cántaro,

y así, nuestras almas perecieron ante el tiempo,

un tiempo discordante, rancio, lento.

Solo quedaron de nosotros algunos ecos:

la brisa salina anunciado tu llegada al puerto,

el olor a humedad anticipando el tirín de la lluvia,

el viento frío que tibia tu café en las mañanas,

el agua clara que purifica mi rostro en la tarde.

Inasibles e inaprensibles,

como el polvo.

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