En el Capítulo 4: Desde el alma de artistas y escritores, Friedrich Nietzsche plantea en Humano, Demasiado Humano, que «lo perfecto se supone no ocurrido», o en palabras directas: no cuestionamos la naturaleza de lo perfecto. Y va más allá… Acusa los artistas de incrustar en su arte pequeños fragmentos de perfección, para estimular en su público la falsa ilusión de que su perfección nace espontáneamente, y así ser admirados.
Por esa lusión, sin embargo, pasamos todos, como mismo pasamos por el desconsuelo. Perfecto o imperfecto, por artistas o no artistas, terminamos agradeciendo al Tiempo lo que antes le reprochamos. Para amar de verdad, basta con ser valiente, y eso está lejos de ser perfecto. Conocer, intuir o admirar las grietas que asoman en quienes amamos, es la prueba más franca de deseo.
Aceptar a quien es, por quien es, entero o a pedazos.
Sin ambición de cambiarlo.
Nietzsche coincidiría, supongo. En 1882 conoció a Lou y enamorado le pidió más de una vez matrimonio, pero ella le condenó al infierno terrenal de una casual amistad. Ella le regaló su Himno a la Vida, y él lo musicalizó: «te amo, vida enigmática, como se ama a un amigo, ya me des alegría o dolor, ya me des dicha o sufrimiento… Cobíjame en tus brazos, y si no puedes darme la dicha, concédeme el sufrimiento».
¿Qué mejor ejemplo? Quien ama con intención, aún sin ser correspondido, incrusta también pequeños fragmentos de perfección que producen una ilusión similar a la de los artistas más vehementes. Lo único perfecto son nuestros fallos, porque ninguna vacija nueva rompe igual. El amante que espera, prefiere un sufrimiento anestesiante a la dicha de vivir con los pies en la tierra.
Roberto Juarroz, argentino, en Cada uno tiene su pedazo de tiempo, nos recuerda que, casi nadie está hecho tan sólo de lo propio. Tenemos fragmentos de tiempo y fragmentos de espacio, fragmentos de vida y fragmentos de muerte. «Pero a veces los pedazos se cambian», nos dice Juarroz, «y alguien vive con la vida de otro o alguien muere con la muerte de otro». En Cómo amar lo imperfecto, también nos recuerda que «lo imperfecto es otra forma de la perfección: la forma que la perfección asume para poder ser amada».
«¿Te sientes plena?», fue la pregunta.
«No», respondí.
Una sugerencia revolucionaria: plenitud, inaccesible a mi existencia fragmentada. Fragmentos de tiempo, fragmentos de espacio, fragmentos de vida y fragmentos de muerte. Ninguna vasija rompe igual. Ningún pedazo igual de afilado que otro. ¿Quién amaría algo tan roto, en un mundo donde artistas y no artistas, venden la ilusión de una perfección natural y espontánea?
La pesadilla de Nietzsche.
El te lo dije de Juarroz.
Y al final, como siempre, solo mis libros y yo.
