Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú.
Ya no, Idea Vilariño
Hay una voz en la cocina,
hirviendo en entusiasmo,
justo al lado de un tarro para café,
vacío hace dos días.
Es la voz de la mano cerrando la persiana,
por donde antes se colaba eufórico el sol.
Las plantas en sus tiestos suspiran agobiadas:
ellas lo necesitaban… tanto, como yo.
Los pies de la mano ahora mueven la voz
hasta desaparecerla, íntima, en la distancia.
La puerta de entrada truena al cerrarse
y su bramido se esparce por toda la casa,
como una onda silenciosa,
buscando dónde esconderse.
En mí, supliqué…
Pero escogió la toalla aún húmeda sobre el riel,
y las dos cucharas, sucias, en el fregadero.
