Eustrés

Vivir es morir continuamente.

Un mal giro del destino, dos tropiezos con la misma piedra, tres «no sé » superficiales, cuatro amantes en fuga, cinco años de mala suerte, seis besos pendientes y siete vidas mal gastadas, todo apunta a – en sus propias palabras – jazz y whisky.

Maquillarme para salir, medir el ruedo del vestido, la profundidad del escote, el largo de mi cabello, lo tersa de mi piel; ignorar esas arrugas en los ojos, el punzante dolor de espalda y las noches en vela, la espera continua por esa llamada que no llega, esa espera, la verdadera espera, que se tapa con cualquier cuadro para ignorar su permanencia, su constante vigilancia sobre mis hombros, y es que todos tenemos un clavo que solo se saca derrumbando la pared…

Llega la hora de salir. El momento de colocarse el labial más brillante y sumergirse en la liviandad de una cita con quien no toca, pero está; de cerrar los ojos y sentir el despegue de lo fugaz, apretando los dedos contra el barandal de una montaña rusa extremadamente frágil y barata.《Arriésgate 》, le digo a esa frente al espejo, mientras asoma por los ojos el miedo, el reconocimiento al temblor salvaje del débil carrito balanceándose inútilmente en el riel.

Decir a vivir, es morir, cerrando los ojos, continuamente.

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