Carpe diem

Me llamas Sísifo y volteo. No detengo la roca al caer ni esquivo su tambaleo cuesta abajo. Entablo un pacto con mis silencios: pienso en ti, en mí, en los por qués y los quiénes, en los cómo y los cuándo; y sí, porque quienes como cuando están por todos lados, cierro los ojos y pienso en mí, en ti, en que me llamas Sísifo y volteo.

G., 12 de noviembre de 2018

Releyendo se descubren espacios innecesarios, palabras inadecuadas, énfasis mal distribuidos, o mucho peor: errores de ritmo y metáforas demasiado amorfas para ser disfrutadas por terceros a cabalidad. Editar es un arte, pero no una opción, me digo.

No cuando un escrito lleva años sumergido en sentimientos, absorbiendo contextos que nutren su esencia con significados, y lo hacen significante. Significativo, pensé. No recuerdo bien qué dijo Lacan sobre palabras añejadas en frascos de cristal. En fin.

Disfruto releerme, en particular cuando pienso, para bien o para mal: ¿lo he escrito yo?; o, espera, ¿cuál yo? Y es que mis intereses fluyen, cuesta abajo, y son mis escritos la gravilla bajo el río. Todo pasa… Y solo quedan palabras, pulidas hasta el núcleo, condenadas a la oscuridad del vacío. Como el Aqueronte, pero después les explico.

Pocos me han leído. Tanto que hablo, tanto que escribo… Pero no es un problema. Hay problemas más grandes, me digo. Que han querido editarme, por ejemplo, sin haberme comprendido. Muy fácil querer la historia sin sus detalles, les digo. Y es que en el siglo de los «micros», un cuento de Quiroga es una novela de Stephen King, y una publicación en Facebook da más pereza que un Tweet.

Las apariencias lo son todo. Aquellos que vivimos con el corazón en la mano, nunca entendemos dónde lo guardan los otros. Cualquier tropiezo duele, y hasta el dolor se hace obvio… Y nos adormece, pero viviendo sin coraza, solo el frío nos detiene. Gente cálida, de mirada urgente. Personajes concientes de su trama, cargando sueños donde otros solo llevan muebles.

No soy un libro abierto. No tengo un buen resumen de contraportada ni tampoco llego bien recomendada… pero, los leo. Me gusta comprenderlos. Entender, entendiendo que un significante no siempre es significativo. Algo así dijo Chomsky. Quizá la lingüística no es lo mío, pero vamos… Estoy condenada como Sísifo a repetirlo.

Mientras, me re-leo sin editarme, a fin de que me lea sin querer cambiar estos espacios innecesarios, mis palabras inadecuadas, todo énfasis mal distribuido, y por mucho peor, mucho más grave: mis fallos de ritmo y el cúmulo de metáforas demasiado amorfas para ser disfrutadas al unísono.

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