Épica

De pequeña me regañaban por leer mientras comía. Mi tía solía quitarme los libros reclamando que se ensucian y vienen las hormigas. En mi inocencia pensaba cómo no van a venir si las llamas… Esa mujer tenía por boca un megáfono. De adulta comprendí que el hilo de hormigas persiguiendo aros de café en las páginas, nada tenía que ver con cuán alto me amenazara. Los animales tienen claro su rumbo.

También es cierto que dejaba enfriar la comida, gastaba más tiempo del apropiado en la mesa y saltaba del susto si me interrumpían, pero son pequeños sacrificios que valen la pena. Momentos dulces que aún devoro a escondidas. Supongo que somos los únicos que no tenemos claro el rumbo… Muy poco conocemos por instinto. Y es que todo puede esperar cuando la trama es buena, incluso eso que se enfría.

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