Descartes

Vas a la deriva por el mundo, y tropiezas con la famosa pieza perdida de tu rompecabezas.

Te sientas contigo mismo, y en actitud muy seria,

hundes las uñas bajo tu piel hasta arrancarte los bordes:

estás determinado a ser la pieza perdida de su rompecabezas.

Tiras lo que sobra de piel, porque sobra mucho,

hasta tenerlo todo; todo, menos lo que eras.

Pero… No es suficiente,

y vuelves a arrancarte con los dientes más bordes hasta llegar al hueso.

Y nadie, absolutamente nadie, lo nota.

Ni siquiera tú mismo.

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