En Bucle

No viene al caso, ¡pero cuánto odio seguir conociendo, desconociendo, reconociendo! ¡Es agotador! Es agotador responder cada mensaje con el mismo entusiasmo, sin perder el interés. Es agotador concertar una cita: arreglarme, rearreglarme, presentarme y desarreglarme. ¡Presentarme! Y conversar… Conversar sobre temas similares una y otra vez. Los mismos traumas, las mismas ideas, el mismo pasado vivido y revivido, siendo retorcido cita tras cita, como un Rubik’s Cube, ¡hasta los chistes comparten una misma célula!

Estoy harta del suspenso después del encuentro, de las preguntas que me hago camino a casa, o las que pienso debí hacerme. Me toca el nervio lo que llega demasiado pronto o no llega; la intuición gritando desde el otro lado de la calle, ¡que esperas para irte?, mientras acepto a media voz otra cerveza; y al final, las risas que dejamos en el bar quedan comprimidas en cápsulas, de esas que te vendería una chica muy guapa en un infocomercial urgiendo a que llames antes de perder la oferta para ganarte otra cápsula por la casa.

Suspiro. Es todo lo que queda por hacer cuando miro un par de ojos risueños observándome del otro lado de la mesa; ojos que no me miran como he mirado yo otros ojos: con la ilusión desbordada por el lagrimal y el despiste colgando de las pestañas. Es la ilusión que no se come, pero alimenta la que va llenando mi panza hasta dejarme nauseabunda y pesada. Es el hambre sin apetito. Pero río y suspiro; sonrío, mientras arranco con mis uñas la etiqueta de otra botella y espero que estalle la Tercera Guerra Mundial.

Siento el impulso de decir ¡ya no más! Cerrar con furia todas las puertas y ventanas de mi alma; tirar al infinito, como un tornado, todo lo que estorba: lugares, nombres y fechas; desprender de mis paredes lo vivido, lo olvidado y suprimido, hasta dejar mi memoria en los huesos, ¡tábula rasa y puro desconcierto! Pero si no hay quien escuche los puertazos, ¿realmente pasó? Soy un tronco caído, a mitad del bosque, víctima de mi propia imaginación; una estatua decapitada, sentada en un bar, a merced de la especulación y los vaivenes del mercado.

No vean la que estoy liando…

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