Ataraxia

Por mucho que me duela debo admitir, que otras me ven sin ropa y tú, desnudo.

Embustera, Joaquín Sabina

No hay prisa. Tómate tu tiempo. Abre los ojos y respira. Siente la presión de tu cuerpo sobre el colchón, tu piel rozando las sábanas. Escucha la habitación, y repítelo: no hay prisa. Date un baño con agua tibia, sal a trabajar y ya en el trabajo, cuando tu mente sea abatida por el oleaje de pendientes, piensa que nada es tan grave, nada puede ser tan grave, y déjate llevar…

Aprovecha una ola de entusiasmo y flota. Escucha el agua salada susurrarte al oído y ahí, en tu calma, dime: ¿en qué piensas? ¿A dónde va tu mente cuando nada la ancla, cuando puede divagar y ser libre? ¿A un recuerdo o una fantasía? ¿Solo tuya o compartida? ¿Nos pensaremos a la vez? Eso también puede esperar. Hay mundo más allá, y no hay prisa.

Que el tiempo se nos escurre entre los dedos, es verdad; que las oportunidades mueren y se esfuman, también es verdad. Pero el miedo a perder no puede ser tan grave, la angustia de no saber no puede ser tan grave, la idea sobre ti que apilas una y otra y otra y otra vez, no puede ser tan grave. Todo debería poder esperar: nada que merezca la pena, realmente te la cobra.

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