Miró su celular, me sonrió y con una luna llena en cada ojo, dijo: «11:11», como si para mí, a su lado – existiera el tiempo. Indescriptible, pero ahí estaba mi mundo, congelado, en la palma de su mano watching the tide roll away… Su risa, oh – su risa, tan liviana, como un cometa flotando, y su presencia, su presencia me sabe a café recién colado. Hay algo en él que me sobrepasa, algo que me atropella y devuelve a la infancia: a escavar en la tierra lombrices o sobrevivir indestructible un tropezón.
Hay algo en ti – pensé, mientras asentía diciendo para él: sí, son las 11:11, – hay algo en ti, que despierta sentimientos tan crudos como la grama recién cortada; algo en ti, en esos labios que no saben callar, en esos ojos que no saben mentirme, hay algo en ti – tragué, mientras bajaba la vista y sonrojaba, – hay algo en ti, que no he encontrado nunca en mí, que es todo lo que siempre busqué: la pausa en el momento perfecto, la oración cortada en la página correcta -, silencio… Son las 11:11.

Me encantó, la sutil percepción del momento correcto.
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Da la impresión de que en medio del caos, ‘algo’ cae en su lugar.
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La pausa en el momento correcto debería ser eterna. Buen día.
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Así es… ¡Buen día!
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